Pero tardó siglos en llegar a la pista. Tres personas diferentes requirieron su atención Paula no quiso abandonarlas hasta haber satisfecho sus demandas. Por fin llegó, y vio a Pedro casi de inmediato. Estaba de pie, a un lado, examinando con calma a tres mujeres que lo rodeaban: una rubia, una pelirroja y una morena. Aquello la detuvo.
¿Qué diablos estaba haciendo Pedro? Era imposible que hubiera acudido al baile a buscar una mujer. El pulso se le aceleró. ¿Sería cierto? Paula se acercó y lo vio sacar a bailar primero a una mujer y luego a otra. Seguía moviéndose con tanta gracia como ella lo recordaba. Sus movimientos eran seguros y poderosos. Un hombre tomó entonces a Paula del codo.
-Disculpe, ¿querría usted bailar?
-No, gracias.
-Por favor... -sonrió el hombre encantador-. Solo un baile.
¿Qué daño podía hacerle? Ayudaría a un invitado, y además tendría la oportunidad de examinar a Pedro de cerca sin que se diera cuenta.
-Está bien.
-Me llamo Sotherland -añadió el hombre haciéndola girar-. August Sotherland.
-Hola, señor Sotherland. Yo soy Paula.
-¿Y quieres casarte?
-No, me temo que no.
Aquella respuesta pilló al hombre por sorpresa. No pudo evitar dar un traspiés.
-¿No?
-Lo siento -se disculpó ella-. Mi hermano y su esposa son los anfitriones en el Baile de Cenicienta, yo solo estoy observando. Supongo que debería de habértelo explicado antes.
-¡Lástima! -comentó él recobrando el ritmo del baile-. Bueno, me imagino que un baile no va en contra de las reglas, ¿no?
-De ningún modo.
Paula miró en dirección a Pedro por encima del hombro de su pareja. La rubia y la pelirroja habían desaparecido, Pedro estaba bailando con la provocativa morena. Iba vestida de Cleopatra con una falda tan estrecha que era inconcebible que pudiera moverse. Quizá fuera ésa la razón por la que encontraba necesario inclinarse por completo sobre Pedro, para que él pudiera arrastrarla por la pista sin tener que mover un pie.
-... pero si tuvieras que buscar un marido, ¿cómo querrías que fuera?
Paula se esforzó por prestarle atención a August. ¿Cómo querría que fuera? Su vista se desvió de nuevo hacia Pedro.
-Inteligente. Recto. Protector. Honorable.
Su marido había sido todas esas cosas. Al menos con ella. Sotherland sonrió.
-Hasta ahí todo bien.
¿Hasta ahí todo bien? ¿Pero no estaría pensando que...? No, no lo estaba pensando, comprendió Paula aliviada. Lo sabía por el brillo de sus ojos. August era encantador, de modo que decidió seguirle el juego.
-Ah, pero es que hay más.
-Cuéntame -la alentó él.
-Si estuviera pensando en casarme desearía que mi marido fuera alto, de anchos hombros, castaño con mechones rubios, de intensos ojos azules. ¡Ah, y con una marca en el diente canino izquierdo!
-¡Vaya! Yo no tengo ninguna marca -sonrió demostrándolo.
-¡Dios mío!, pues me temo que no me servirás. August sacudió la cabeza y chasqueó la lengua. -Supongo que eso significa que no estamos hechos el uno para el otro.
-Supongo -respondió ella con un leve suspiro de lástima.
-Pero creo que ese tipo de ahí detrás tiene los ojos de un azul intenso.
-¿En serio? -preguntó ella con un estremecimiento.
-Sí -respondió August maniobrando para acercarse y observar mejor-. Admito que no soy el mejor juez, pero me parece que además es alto. Eso por no mencionar el ancho de sus hombros.
-¡Qué... interesante!
-¿Verdad? -murmuró August-. Es una lástima que tenga mechones grises en lugar de...
-¡No son grises!
-¿Ah, no? -preguntó él inocente-. Ha sido un error. Y ahora, si pudiéramos descubrir si tiene una marca en los dientes... -antes de que Paula pudiera protestar August se interpuso en el camino de la otra pareja-. ¡Oh, lo siento! No los había visto -se apresuró a disculparse.
Pedro giró y los miró. Por un instante Paula se quedó sin aliento, segura de que la había reconocido, segura de que él sentía también el calor y las dulces emociones que electrificaban el aire entre los dos. Pero tras un rápido e impersonal examen Pedro se volvió hacia August.
-No ha sido nada.
-Oiga, ¿es una marca lo que tiene en ese diente?
Pedro apretó la mandíbula y sus ojos brillaron.
-¿Y qué si lo es?
-Que es una increíble coincidencia. ¿No es cierto, querida? -preguntó dirigiéndose a Paula-. Mechones blancos, ojos azules, dientes con marcas. Es magia.
Pedro dejó de bailar y se cruzó de brazos.
-Amigo, estás empezando a irritarme. Quizá fuera mejor que desaparecieras antes de que te hiciera una marca en el diente yo a ti.
-Tiene razón -contestó August guiñándole un ojo a Paula y capturando a Cleopatra en un entusiasta abrazo para arrastrarla por la pista.
Paula buscó algo que decir durante los instantes de silencio que siguieron. Los ojos de Pedro, tras el antifaz, seguían tan penetrantes como los recordaba, y estaban clavados sobre ella. Aquello no contribuía mucho a su habilidad como conversadora.
-¿Te importaría contarme a qué ha venido eso? -preguntó él al fin.
-August solo trataba de ser útil.
-Útil.
-Sí. Él... él me pidió que describiera al hombre con el que me gustaría casarme y... -se encogió de hombros, confesando con dolorosa sinceridad-... te describí a ti.
-¿Por qué?
-Porque me recuerdas a alguien -a alguien del que siempre había creído que era el hombre perfecto. ¿Acaso August había captado sus sentimientos y había decidido ayudar?-. Cuando mi amigo te vio decidió tomar cartas en el asunto.
-¿Estabas tratando de deshacerte de él? ¿Es esa la razón por la que me describiste a mí? -preguntó Pedro frunciendo el ceño.
Paula observó en Pedro una severidad que nunca antes había notado, una ira apenas controlada.
-No estaba mintiendo, si es a eso a lo que te refieres.
-¿Y por qué me has descrito a mí? No puede ser solo por ese parecido que dices.
-Pensé que éramos compatibles -contestó Paula con cautela.
-¿Y qué te hizo pensar eso?
Todo. El pasado. La forma en que él le había hecho el amor. El hecho de que estuviera ahí, de pie, delante de ella, después de todos aquellos años.
-Bueno, es un presentimiento.
-Yo no confío en los presentimientos. Ni en los sentimientos.
El frío que salió de él la heló. Aquella respuesta la alarmó más que cualquier otra cosa que él hubiera podido decir. ¿Tanto había cambiado?
-¿Y en qué confías?
-No lo sé. En lo que puedo ver y tocar. Incluso entonces albergo mis dudas.
Lágrimas acudieron a los ojos de Paula. ¿Habían sido Rafe y ella quienes lo habían transformado así? ¿Eran ellos los responsables de ese frío intenso que acompañaba a cada una de sus palabras?
-¿A qué has venido? -preguntó ella desesperanzada.
-A buscar esposa.
Por un segundo la esperanza volvió a recorrer su cuerpo.
-¿Qué esposa?
-Eso no importa demasiado mientras llegue a un acuerdo con ella.
Paula se volvió bruscamente, dejando que el aire saliera desesperado de sus pulmones. Le dolía respirar, le dolía parpadear, le dolía pensar.
-¿Qué acuerdo? -volvió ella a preguntar con un hilo de voz.
-Señorita, estamos en medio de una pista de baile. ¿De verdad quieres negociar los términos de un acuerdo matrimonial aquí?
-Podríamos... podríamos bajar a tomar un café -sugirió buscando un calor que oponer a sus primeras y frías palabras-. ¿Te parece bien?
-Claro.
De pronto Paula estuvo a punto de echarse a reír histérica pensando en lo ridículo de la situación. Su ex marido, si es que se le podía llamar así dado que el matrimonio había sido anulado, quería tomar con ella una taza de café mientras discutían sobre cómo necesitaba él que fuera su esposa. ¿Podía ser más extraña la vida?
Paula miró en dirección a August y Cleopatra.
-¿Acaso te estoy apartando de alguien?
-No, de nadie -respondió Paula sintiendo cómo él ponía la mano sobre su espalda
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Acá les dejo el cap 2!! Espero sus comentarios! Mañana subo otro.. O quizás dos! Comenten si es acá mejor! Tw: @Floor_PauChaves
Wowwwwwwwww, qué buen cap x favor!!!!!!!!!!!!!! Quiero más jajajajaja
ResponderEliminar2caps xfaaaa!!!! Esta muy buena la. Nove! @GraciasxTodoPYP
ResponderEliminarEs re interesante la nove!
ResponderEliminarEsta buenisima la nove Florr!!! Quiero mas capitulossss!!!
ResponderEliminarYa me atrapó la novela! Me encanta
ResponderEliminarMuy buen cap! Siempre me quedo con ganas de seguir leyendo..mimiroxb
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