jueves, 25 de diciembre de 2014

Capitulo 8 -Recuperarte-

A MI LARGAMENTE perdida esposa:
Me ha llevado un año entero sentarme a escribirte esta carta. Estaba tan seguro, tan convencido de que estarías en el Baile de Aniversario... Estuve esperándote, esperé hasta que el amanecer rompió la noche en el cielo. Y después me marché.
Ni siquiera estoy seguro de por qué estoy escribiéndote. Quizá sea mi forma de decirte adiós, quizá no sepa cómo dejarte marchar. Y confieso que raramente me doy por vencido. ¿Qué te dije en el balcón aquella noche? Que lucharas hasta que acabaras inconsciente o hasta que los otros se rindieran. Bueno, pues yo no me rindo. Y no habré ganado esta batalla hasta que no vuelva a tenerte en mis brazos.
He vendido la propiedad que compré para los dos y de nuevo vuelvo a vagar de un lado a otro. Y lo más irónico es que... he hecho mucho dinero con la venta. Hasta tu hermano se sentiría impresionado. ¡Pero, diablos! ¿Qué importa eso ya? Solo una cosa me importa.
¡Maldita sea, esposa mía! ¿Por qué no asististe al baile? ¿A dónde has ido y cómo puedo encontrarte? ¿O es que lo que compartimos fue pura fantasía? Quizá fuera solo un sueño, un *beep* cuento de hadas. Y quizá yo sea el más *beep* de los dos por seguir creyendo en él.
Paula ... cariño. Mi amor por siempre jamás, ¿dónde estás?


Pedro ladeó la cabeza como si hubiera recibido un puñetazo.
-¿Paula?
-Puedo explicártelo -comenzó a decir ella mientras Ella se retiraba.
Pedro agarró la máscara y se la arrancó de la cara, tirándola al otro extremo de la habitación. La elaborada pieza capturó los rayos lunares mientras volaba por los aires y sus cascabeles resonaban nerviosos, llenos de pánico. La máscara cayó al suelo y quedó sumida en un doloroso silencio.
La luz que había entrado por el pasillo había revelado la presencia de una lámpara sobre la mesilla, de modo que Pedro buscó el interruptor. Setenta y cinco watios de luz incandescente recorrieron la habitación castigándola con su suave luz, entrando en cada rincón y atravesando cada objeto, incluida ella. Nunca antes se había sentido tan desnuda. Sin la máscara, tumbada en medio de la cama y repleta con el amor que Pedro había derramado sobre ella... todos sus pensamientos y sentimientos quedaron expuestos a su castigadora mirada. Paula tiró de la sábana tratando de ocultarse. Por fortuna Pedro clavó la mirada sobre su rostro mientras descubría uno de sus secretos, el secreto que hubiera podido averiguar si hubiera estado más atento.
La tensa calma que reinó en el ambiente durante aquel insoportable minuto estaba tan cargada como castigadora era la luz. Pedro juró. Sus palabras, brutales y crudas, desvanecieron toda huella de dulzura de la habitación.
-¡Ha sido un truco! -exclamó él saliendo de la cama-. Desde el principio tu hermano y tú habéis decidido tomarme el pelo.
-No, Pedro. Por favor. Deja que te explique.
-¿Qué hay que explicar? -preguntó él caminando por la habitación. Su desnudez contribuía a acobardar aún más a Paula-. Tu hermano nos separó hace nueve años, y ahora, por alguna maldita razón, ha decidido unirnos de nuevo. ¡Es el maestro de los títeres, moviendo las cuerdas de nuevo!
-Ha sido culpa mía. Tú eres el único hombre al que he amado nunca y...
Pedro se acercó a la cama, magnífico en su ira y desnudez.
-¿Y por eso ahora ha decidido que sí soy lo suficientemente bueno para él? Ahora que tengo una propiedad, una casa y dinero, ¿resulta que ya sí que soy un marido aceptable para su hermana?
-Él no sabe que tengas todo eso. Ni yo tampoco lo sabía.
-Me ha investigado, Dulce. No hay otra explicación -continuó Pedro recogiendo los pantalones del suelo y poniéndoselos-. Eso explica tanto la invitación como tu presencia. Bueno, pues me alegro de verte, pero no, gracias. Ya he vivido una vez a golpe de batuta de los Chaves, y no voy a permitir que eso vuelva a suceder.
La historia volvía a repetirse. Una vez más había compartido una sola noche con el hombre que le había robado el corazón, y una vez más volvía a perder. el amor. ¡No! ¡No! Había permanecido pasiva durante demasiado tiempo, se había sentido temerosa durante más años de los que podía siquiera recordar. ¿Y a dónde le había conducido? Paula se levantó de la cama y se envolvió en la colcha. Y se enfrentó a él llena de rabia y de decisión.
-Tú no te vas sin mí.
-Ahí es donde te equivocas, Paula.
-Lo has prometido.
-Pero solo porque no sabía quién eras.
Tenía que convencerlo, costara lo que costara. Aquella era su única oportunidad de conquistar la felicidad: una oportunidad que él necesitaba tan desesperadamente como ella, lo supiera o no.
-Has venido a por una -mujer, ¿o es que acaso lo has olvidado? Ya no hay tiempo de encontrar a nadie más.
-Aún hay tiempo -repuso Pedro metiéndose los faldones de la camisa desabrochada por el pantalón y mostrando el pecho que tanto había disfrutado ella besando-. Puede que no sea fácil, pero la fiesta aún no ha terminado.
-¿Y vas a marcharte a pesar de lo que acabamos de compartir?
-Por mucho que aprecie tu generoso sacrificio...
-¡No te atrevas! -exclamó ella tan dolorida que se tambaleó-. No te atrevas a empañar lo que ha ocurrido en esta cama. Márchate si quieres, pero no destruyas algo tan milagroso a tu paso.
Por un instante la expresión de Pedro se dulcificó y ella pudo entrever un atisbo del hombre que una vez había conocido, del hombre que la había hecho suya con una fiera adoración que nunca olvidaría.
-Paula... -susurró él su nombre en el aire, lleno de recuerdos.
Tras ellos la puerta se abrió. Pedro, con un movimiento instintivo, giró sobre sus talones y se interpuso entre ella y la intuida amenaza que entraba por la puerta.
-¿Paula? -la llamó Rafe-. ¿Te encuentras bien?
Ella respiró hondo, sobrecogida por lo que le habían revelado las palabras de Pedro. Lo admitiera o no aún sentía algo por ella. Sin duda esos sentimientos estaban profundamente enterrados, y sin duda él los habría arrancado de haber podido. Pero estaban ahí.
-Estoy bien, Rafe. Pedro y yo solo estábamos... -Paula se habría echado a reír si no hubiera sido tan trágico-. Estábamos volviendo a entrar en contacto.
-Ella estaba... preocupada.
-Esto es entre tu hermana y yo, Chaves -soltó Pedro-. ¿O acaso estabas planeando volver a interferir?
-Solo quería asegurarme de que no le habías hecho daño.
-Ya no es una niña, unos cuantos golpes no van a destrozarla.
Los ojos de Rafe brillaron de furia mientras daba un paso adelante y entraba en la habitación.
-Si la hieres de algún modo te...
Pero en esa ocasión fue Paula la que dio un paso adelante y protegió a Pedro.
-Es una forma de hablar, Rafe, no lo decía en sentido literal. Pedro nunca me haría daño.
-Estás muy segura teniendo en cuenta que estaba a punto de irme cuando entró tu hermano mayor -murmuró él en su oído.
-Lo arreglaré todo para disponer de un salón de ceremonias donde celebrar la boda -dijo Rafe inclinando la cabeza y delatando, por su tono de voz, que no se sentía tan equitativo como pretendía-. ¿Tenéis alguna preferencia?
-Sí -respondió Pedro-. No habrá boda. Yo ya tengo lo que vine a buscar.
Rafe respiró irritado, y Paula comprendió que si no actuaba pronto alguien iba a abandonar la habitación con mucho más dolor del que había entrado. Se volvió hacia Pedro y dijo, pillándolo de sorpresa:
-Podemos casarnos temporalmente, hasta que sepamos si estoy embarazada -alegó en voz baja y desesperada, rogando para que su hermano no la oyera-. Además así tendré tiempo de crear el hogar que deseas.
Pedro la miró como si acabara de darle un puñetazo.
-¿De qué diablos estás hablando?
-Dijiste que habías guardado protectores en la maleta, pero quizá hubieras debido de tomarte unos minutos para deshacerla antes de venir aquí.
-¡Es que no esperaba poseer a mi novia antes de hacerla mi esposa!
Por alguna razón aquello le pareció divertido a Paula, que no pudo evitar sonreír.
-Nunca hacemos las cosas bien, ¿verdad?
-¡Embarazada! -repitió Pedro en voz excesivamente alta-. ¡Maldita sea!
-¡Emb...! ¡Basta! -gritó Rafe señalando a Pedro con un dedo-. Terminarás de vestirte y te presentarás en la biblioteca en cinco minutos. Para entonces tendré a un cura esperando.
-¿Y si me niego?

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Lean el siguiente!!

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