Aca les dejo el link del cap 21 http://volveravertepyp.blogspot.com.ar/2014/12/capitulo-21-recuperarte.html
-¿Paula, qué diablos le has hecho al suelo?
-¿Paula, qué diablos le has hecho al suelo?
Ella estaba sentada detrás de la mesa, con su gloriosa melena sujeta en un moño una vez más. Sus manos hubieran corrido a soltárselo, sus labios hubieran corrido a besar cada una de las heridas de Paula si ella lo hubiera dejado. Pero por supuesto no había tenido la oportunidad.
Durante las dos últimas semanas ella solo le había dejado tocarla dos veces. La había besado en dos ocasiones, pero o bien era de día o ella estaba dormida. Solo entonces Paula accedía a acurrucarse contra él y a dejarse envolver en sus brazos. Solo entonces ella se permitía besarlo en el mentón y susurrar sus prohibidas palabras de amor, permitiéndolo sumirse en un dulce olvido. Solo entonces encontraba él verdadera paz. Aquel matrimonio lo estaba matando poco a poco, haciéndolo cachitos que quizá nunca pudiera volver a recomponer.
Pero Paula no se daba cuenta. No. Ella permanecía dolorosa y frustrantemente sumida en el olvido. Paula levantó la vista de los papeles y tomó el auricular en una mano.
-Estoy contigo en un minuto. -Tenemos que hablar, Paula. Por supuesto ella lo ignoró.
-Los que quiero son de 30x30. ¿Puedes embalarlos y mandármelos? Por avión, si es necesario. Sí, ya sé que será caro, pero no importa. Comprueba que pasan la aduana, Chelita. O que se encargue Marvin de eso. Ya he llegado a un acuerdo con él.
-¿Con quién diablos estás hablando? -exigió Pedro saber.
-Gracias, Chelita, hasta pronto.
-¿Quién diablos es Marvin?
-Un amigo. Creció en el pueblo, cerca del cafetal de Rafe.
-¿Y qué es lo que te va a mandar por la aduana?
-Algunas piezas artísticas.
-Ah, bueno, escucha. El suelo...
En ese momento la puerta se abrió y entró un hombre con un cinturón tan pesado a causa de las herramientas que llevaba colgadas que se le cayeron los pantalones. Pedro se puso delante para evitarle la vista a su mujer. Era impropio que un hombre vagara por su casa así, delante de su mujer. Paula movió la silla para poder verlo.
-Hola, Tim, ¿qué puedo hacer por ti?
-Ya he terminado con los agujeros de las paredes. Sin problemas -contestó él subiéndose los pantalones, que volvieron a caérsele dos segundos después-. ¿Te importaría echarle un vistazo?
-¡Alto ahí! -los interrumpió Pedro-. ¡Nada de agujeros en las paredes!
-Gracias, Tim, iré enseguida -sonrió Paula. La puerta se cerró y la sonrisa de ella, dulce y maravillosa,
se desvaneció-. Creía que me habías puesto al mando de la casa.
-Y lo hice, pero...
-No recuerdo que hubiera ningún pero en nuestro acuerdo.
-Pues tiene que haber alguno -replicó Pedro apretando los dientes-. ¡Con varias comas para que pueda ir añadiendo cosas conforme van saliendo agujeros en las paredes!
-Estás gritando.
-Me está permitido gritar -respondió Pedro comenzando a caminar por la habitación para derrochar la energía sobrante sin tener que sacar a Paula de detrás de la mesa y dar rienda suelta a sus necesidades físicas-. Y me está permitido jurar. Y quejarme cuando mi mujer da cháchara a hombres medio desnudos.
-No puedes estar refiriéndote a Tim.
-¡Sí, me refiero a Tim! Un poco más y lo conoces mejor que su médico. Se supone que tienes que preparar la casa para mi hija, y apenas faltan dos semanas para que venga la hermana de Satanás con su escoba.
-Qué comparación más interesante -comentó Paula ladeando la cabeza.
Pedro dejó el Stetson sobre la mesa y se mordió la lengua.
-Ya sabes a qué me refiero. En lugar de arreglar las cosas estás destrozando la casa hasta dejarnos...
El anillo de bodas de Pedro reflejó un rayo de luz. Pedro maldijo en silencio. Ya era suficiente. Su vida ya no le pertenecía, sus empleados lo habían traicionado y su mujer lo trataba como a un irritante hermano menor. Ni siquiera podía expresar con libertad lo que pensaba, tenía que medir cada una de sus palabras, y lo peor de todo era que sentía un dolor que no desaparecía.
Bien, había una cosa que sí podía hacer. Podía marcharse al establo, echar de allí a los animales y convertirlo en su hogar. Podía convertir el establo en un lugar solo para hombres, sin mujeres y sin agujeros. Pondría un refrigerador y lo llenaría de cerveza. Pondría un bar. Aunque por supuesto tendría que cerrarlo con llave para evitar que se llenara de cowboys.
-¿Qué ibas a decir? -preguntó Paula con una ceja inquisitiva-. ¿Que estoy destrozando la casa hasta dejarnos...?
-Sordos.
-Eso es justamente lo que pensé que ibas a decir.
Paula se puso en pie. Lo rodeó con los brazos por la cintura y mostró todos sus encantos femeninos. Dijo algo más, pero Pedro no se enteró. A cada nuevo contacto de ella las piezas de su cuerpo se iban sobrecargando. Y finalmente todo su sistema falló en bloque. Su cuerpo sufrió un cortocircuito y su cerebro se bloqueó en el esfuerzo por calibrar los daños. Pedro luchó por respirar. Solo uno de sus sistemas permanecía en perfecto funcionamiento. Pero tenía que controlarlo, porque era una verdadera amenaza de aniquilación.
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Continuaraaaa! Aca les dejo dos caps! Espero que les gustennn! Comenten!
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