-Sí.
-Así que ella... -Pedro cerró los ojos-. Apenas puedo ni siquiera decirlo... ¿Así que ella va a quedarse?
-Sí.
-¿Por qué?
Por fin le hacía una pregunta que ella podía contestar.
-Porque Sarita la necesita.
-Sarita nos tendrá a nosotros.
-No es lo mismo, Pedro. Créeme, lo sé -antes de que él pudiera hacerle más preguntas ella continuó-. Doña Isabella es la única persona a la que tu hija conoce desde la cuna, la única familia que le queda por parte de su madre. Al menos la única dispuesta a aceptarla. Ella no me ha dicho nada, pero sospecho que la razón por la que no quiere llevársela a México es por temor al recibimiento que le pueda hacer el resto de la familia.
Pedro juró en silencio. Odiaba que Paula tuviera razón.
-No había pensado en eso -admitió Pedro, añadiendo cabezota-. Pero eso no significa que Isabella no pueda marcharse.
-¿Tienes idea de lo que significa que te separen de la única persona a la que conoces cuando tienes solo tres años?
El tono de voz de Paula había sonado extraño, tenía algo que captaba la atención de Pedro como ninguna otra cosa lo hubiera hecho antes.
-Por supuesto que no -hizo una pausa deliberada-. ¿Y tú?
Paula se humedeció los labios, incapaz de contener los nervios.
-Sí -después se apresuró a decir-: Te lo garantizo, por mucho que esté con personas que la quieran no es lo mismo que estar con la persona que te ha visto crecer.
-Todo esto tiene algo que ver con tu tía, ¿verdad? Con esa de la que te tuvo que rescatar Rafe.
-Nunca hablo sobre esos tiempos -asintió Paula-. Ni siquiera con mi hermano. Pero Sarita... -cerró los ojos-. Lo haré por el bien de Sarita.
-No, cariño...
-Rafe y yo teníamos madres diferentes. ¿Sabías eso?
-No hace falta que digas una palabra más -volvió él a decir.
Pero Paula no lo escuchó. Su atención estaba vuelta hacia su interior. Hasta su cuerpo parecía replegado en su interior, hecho un ovillo. Entonces Pedro pensó algo terrible. ¿No sería aquella la posición en la que se replegaba para protegerse de los golpes del exterior?
-Nuestro padre y mi madre murieron en un accidente de barco cuando yo tenía tres años. Rafe acababa de cumplir dieciséis. A pesar de ser tan joven él trató de que siguiéramos juntos. Trabajaba en los campos de café, llevaba la hacienda, me cuidaba. Hacía todo lo posible para que la familia siguiera intacta.
-No tenía ni idea -observó Pedro amable, sentándose cerca de ella y atrayéndola hacia sí para darle un masaje en los tensos músculos.
-Rafe lo perdió todo, Pedro. Nuestra casa, nuestro dinero. Al final estaba desesperado. Ni siquiera podía darme de comer.
-¿Y qué hizo?
-Justo antes de Navidad utilizó el último penique para llamar a la hermana de mi madre, Jackie, y preguntarle si podía hacerse cargo de mí. Jackie nunca había aprobado la boda de mi madre, pero cumplió con su deber. Voló a Costa Rica a recogerme y me llevó a Florida.
-¿Y qué fue de Rafe?
-Lo abandonó -contestó Paula torciendo la boca-. No era responsabilidad suya. En lo que a ella se refería Rafe no era más que un chico de Costa Rica, relacionado con ella a través de un matrimonio equivocado. Durante años ni siquiera pronunció su nombre. Solo eso...
-¿Ella lo abandonó? -preguntó Pedro, a quien le costaba identificar al Rafe adulto. que conocía con aquel chico del que Paula hablaba.
-Desearía que me hubiera abandonado a mí también, aunque hubiera tenido que vivir en las calles -suspiró Paula-. Hubiera sido mejor.
-¿Pero qué diablos te hizo?
-Nada, abiertamente. Nada que pudiera utilizar un tribunal para apartarme de ella. Pero pagué el precio de
los pecados de mi madre. Lo primero que hizo cuando llegamos a Florida fue quemar todas mis posesiones, incluyendo la muñeca que Rafe me había regalado por Navidad. Me preguntaste por qué era tan importante el árbol... yo nunca tuve ninguno. En su casa yo era una verdadera Cenicienta. ¿No es una ironía? Jackie hacía el papel de madrastra.
Otras duras historias siguieron a aquella, historias que Pedro supo, con total certeza, que ella nunca había contado a nadie, ni siquiera a Rafe. Historias que le hicieron abrazarla convulsivamente, sintiéndose impotente para protegerla.
-¿Y qué hay de tu hermano? El te encontró, ¿no es así?
-Sí, me encontró.
Pero no la había encontrado a tiempo. En absoluto, comprendió Pedro. -¿Cuántos años tenías tú? -Trece.
Diez años. Toda una eternidad. Casi tanto como lo que le había costado a él encontrar a Paula.
-¿Entonces Jackie simplemente te dejó marchar?
-Oh, no -respondió Paula mirándolo a los ojos por fin, con una expresión herida-. Me vendió.
Una ola de ira embargó a Pedro con más fuerza aún que la anterior. Un nudo agarrotaba su garganta forzándolo a ofrecer un consuelo para una herida que no podía curar. Pedro sostuvo a Paula en sus brazos y murmuró palabras de consuelo.
-No me comprendes, Pedro. No te estoy contando esto por mí.
-Shh. Todo irá bien.
-No, no irá bien -contestó Paula apartándose y capturando su rostro con las manos-. Sé que ya no puedes amarme, pero eso no significa que no puedas amar a Sarita. Ella no es más que una niña inocente. No le hagas pasar por lo que pasé yo. Necesita a Isabella tanto como yo a Rafe. Pero a ti te necesita aún más. Por favor, Pedro, haz esto por mí y nunca más volveré a pedirte nada.
-No, Paula.
-Te lo estoy rogando. Te prometo que no voy a causarte ningún problema más.
-Sarita no tiene nada de qué preocuparse -contestó Pedro, incapaz de soportarlo más.
Paula soltó el aire contenido con un suspiro de alivio, y Pedro cerró los ojos luchando contra un miedo casi atenazador. «Te prometo que no voy a causarte ningún problema más», había dicho. Aquella era una despedida.
Tenía que jurar, airear su frustración soltando una palabra malsonante. Buscó una, pero no le salió nada. La confusión enmudecía su mente, en donde solo resonaba una advertencia con la claridad de los cascabeles sacudidos por el viento:
Paula iba a abandonarlo.
Continuara!
Aca les dejo tres caps! Espero que les guste!
muy buenos los 3 caps me encantaron
ResponderEliminar